Cuando me llamaste, no dudé en acudir. Cuando tuviste frío, te arropé con mis brazos. Te susurré mis más oscuros secretos, a cambio de claros comentarios. Permití que vieses mis lágrimas, pero nunca las secaste. Me rebajé ante ti y tragué mi orgullo clavándose como puñales, por solo aguantar un día más. Intenté soportar el dolor y la frustración pensando que algún día todo acabaría. Amor, para algunos lo mejor que le puede pasar, para mí, la manera de morir en vida.
Has conseguido que cuando me vuelvas a llamar, dude en acudir, quizás ni lo haga. Cuando tengas frío, dejaré que te congeles, no mereces que mi piel te salve una vez más. Jamás te volveré a susurrar nada más, tus comentarios siempre resultaron y resultarán falsos. Ya no lloraré ante ti y tragaré mi orgullo con el fin de que seas tú el que se rebaje. Ya no tendré que soportar más dolor ni frustación, porque se ha acabado. Amor, para mi estás muerto, yo estoy muerta.
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