3 de diciembre y los días se descuentan para Navidad. Las fiestas de los que profesan la cristiandad celebrando el nacimiento del que fue su salvador. Celebrando lo que con los años, los siglos, se ha convertido en unas fiestas para pasar con la familia. No la familia con la que cenas todas las noches, sino con toda, los que vienen, con los que te reúnes. Todo esto en teoría.
¿Qué pasa cuándo una familia está rota? Que ya no existe. Con unos primos y tíos ya no te reúnes por culpa de los problemas de la abuela, esa que odias con toda tu alma y que te da, sin rodeo alguno, asco. Con los abuelos y el tío que quieres, porque las circunstancias no lo permiten. Quizás quedan tus padres y tu hermano, pero tu padre tiene turno ese día. Al final, ¿qué fiesta celebras? ¿Qué emoción tiene ver los programas tontos de Noche Buena o las campanadas de Noche Vieja si no es con tu familia? ¿Cómo quieres entrar en el nuevo año de buena manera en esas circunstancias?
Podrán decir que con dieciséis años, casi diecisiete, no debería ser capaz de juzgar mi vida como oscura y sin un atisbo de luz. Si alguien que sabe mi historia tiene de motivos para decirme lo contrario, que lo haga, que lo demuestre. Sólo silencio, todo el mundo calla. Eso es porque no hay motivos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario