Desde que se tiene constancia, el hombre ha trabajado, es decir, realizar tareas cuyo fin es obtener algo que ayude a su superviviencia.
Entonces, entramos en el debate de: ¿la vida del hombre es exclusivamente para el trabajo o éste es sólo un aliciente que ayuda? ¿Vivimos los seres humanos para trabajar o trabajamos para vivir?
Para empezar, nos remontaremos al neolítico donde el homo sapiens pasó de ser nómada a crear poblados fijos gracias a que aprendió técnicas de, sobretodo, obtención de alimentos como pueden ser la agricultura o la ganadería. El hombre trabajaba para poder vivir, y así fue a lo largo de la historia.
Luego el ser humano evolucionó hasta el punto en el que el hombre sí, trabajaba pero en esta ocasión a cambio de un intermediario para la obtención de recursos necesarios para su superviviencia: el dinero.
Pero además, el dinero le otorgaba la oportunidad de invertirlo en objetos que carecían de necesidad y que eran puro capricho. En este caso se generalizaba el término trabajo como aliciente necesario pero no como el centro de la vida del individuo, simplemente se consideraba una actividad de “ayuda” para poderla vivir lo más plenamente posible.
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