Seres humanos, que somos los únicos con conciencia según la filosofía, el 2011 se termina en tres horas y cincuenta y ocho minutos (desde que empiezo a escribir). Ya hice una entrada dedicada a la gente que ha estado conmigo y estará, pero es hora que, como ya viene siendo costumbre en mí, haga una especie de balance de este año.
Cosas buenas, cosas malas... como todos los años. Pero sin duda, este año ha sido el mejor y el peor de mi vida. Nunca pensé que en unos pocos meses iba a ser capaz de madurar tanto como lo he hecho. He aprendido a mirar las cosas de otro modo y a ser paciente, que las cosas no se obtienen y los problemas no se solucionan en el momento y que la espera junto con la razón son las que rigen la solución. También he aprendido que la mano amiga está casi siempre oculta y que la gente te sorprende además de aprender a caminar junto a seres, por que yo no los considero personas, que me desagradan hasta tal punto que quisiera arrancarme las entrañas.
Ha sido un año de experiencias totalmente nuevas y aunque crea que no me queda nada nuevo por vivir siempre hay algo que me sorprende; quizás sea eso lo bonito de la vida.
¿Qué espero de 2012? Nada nuevo, la verdad. Simplemente pido pasarlo y sobrevivir a él, que no haya ningún tipo de sufrimiento ni para mí ni para los que quiero. A estas alturas, he aprendido que pedir felicidad es algo que ya no se puede cumplir, así que me baso en lo más simple.
Eso sí, lo que no quiero que me falte es el amor, el amor de esas personas a las que yo quiero tanto.
Feliz dosmildoce.

No hay comentarios:
Publicar un comentario