Querida amiga, ¿qué me vas a contar que yo no sepa? Claro que sé tu historia y tú sabes la mía. Ambas sabemos lo que es amar a alguien que ignora lo que le hemos amado.
La idea que a ti te insertaron en la cabeza no difiere de la mía pero, ¿sabes qué es lo peor? Que esa idea ya ha germinado en mí como un cáncer y ya a lo único que aspiro es a eso: carrera y familia. "Sólo encontrarás el amor de un chico en la universidad. Un chico que tendrá las ideas claras y sabrá y tendrá claro lo que quiere en el futuro. La mujer siempre madura antes que el hombre, por esa misma razón los de tu edad no son suficiente para ti". Madre, que fue la que más me inspiró estas ideas, nunca la entendí. Ella siempre me habla como si ella misma no hubiese tenido elección en lo que decidió. Madre, ¿a caso la voy a tener yo? ¿Qué no voy a correr la misma suerte que tú?
Amiga, no sé tú, pero yo intento mirar hacia adelante y no me veo con grandes expectativas: no veo una gran mansión ni un Lamborgini en la puerta. No veo vistiendo Guccis ni Prada ni gastándome una fortuna en un vestido que podría cambiarme la vida en un sólo día.
Lo único a lo que aspiro, querida amiga, es saber que todo lo que estoy haciendo ahora tiene sentido, que voy a conseguir lucir un título que diga "Licenciada en biología molecular" sólo para restregárselo a mis padres en la cara y sentir que he hecho algo bien en mi vida. Luego, despertarme un domingo por la mañana con dos hombres en la cama, uno que me susurre "Buenos días, mi vida" y otro que diga "Buenos días, mamá".
Por eso, aún quiero creer en las oportunidades amiga, aunque en realidad sé que estoy totalmente perdida del camino y que ya sólo vivo porque soy cobarde para acabar con esto.
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