lunes, 30 de enero de 2012

Sí, soy como a muchas chicas las gustaría ser. Soy alta, rubia a media melena con el pelo rizado y poseo ojos transformantes a la luz. Pueden ser verdes con luz directa del sol o azules bajo los focos. 
Sin embargo, me odio a mí misma. La altura en verdad me es indiferente, pero tintaría mi pelo de negro y lo dejaría permanentemente liso, de echo, ya lo hago casi todo el tiempo. Cambiaría mis ojos por unos verdes de verdad o marrones, me da igual, pero unos que se definieran de verdad.
Yo soy como mis ojos, no soy fija. Si hace un día bello mi ánimo está por los suelos; si el día es nuboso directamente no tengo ánimo. Odio esa sensación, odio el sentirme insegura ante todo, odio no quererme, odio no tener cualidades, odio ser yo. Odio ver como todo el mundo a mi alrededor va avanzando, evolucionando y yo me quedé estancada. ¿Nunca has sentido esa sensación de encontrarte parada, de pie en medio de la calle y ver como la gente, los coches... todo, se mueve tan rápido que son sólo manchas borrosas pero a la vez tan lentamente como para poder distinguirlas? Pues así me siento yo. Estancada en una prisión de sentimientos inexistentes, un libro de experiencias en blanco y ahogada en un mar de lágrimas. Mis manos ya no son capaces de sujetar lo que una vez fue mi alma que ahora cae inerte al vacío. ¿De verdad esta soy yo? Ya no recuerdo ni quien era. A veces dudo de si alguna vez fui alguien que cuando pasaba la gente decía "es ella". ¿Tenía personalidad, sonreía? No lo sé, no me acuerdo. Para mí ahora es como haber muerto en una vida pasada y haberme reencarnado en lo que soy. Si soy sincera, tengo miedo. Miedo de permanecer siempre así, en este estado de muerte en vida.

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