viernes, 10 de febrero de 2012

Estábamos los dos sentados, tomando una taza de chocolate caliente delante de la pantalla del ordenador. Decidimos que era la oportunidad perfecta para recapacitar, así que él hizo clic en inicio y comenzó a buscar las carpetas de fotos. Empezamos por las fotos de mayo, la primera vez que nos reunimos todos sin ser conscientes de como seguirían las cosas. Ambos estábamos de acuerdo en que de aquella noche no había nada malo, ni un sólo momento que causara un recuerdo negativo. Seguíamos pasando fotos, mayo acababa, junio había pocas y empezaba julio. Su cumpleaños, días de piscina y tardes tontas pasadas en Villa Amparo. Llegó agosto y con ello llegaron ellos. Más fotos de fiestas, risas. Obvio es, que no todo era eso. En las fotos no se veían las peleas, los enfados, los días sin hablarnos los unos a los otros, pero nada de eso fue recordado esta tarde.

Hoy fue tarde de reflexión, tarde en la que hablamos de la gente que había ocupado nuestros corazones y que ahora hemos decidido apartarlas, aunque en un rinconcito siguen ahí, jamás se podrán ir. También, de los que nos están apartando ellos y no podemos hacer nada salvo que acabar aceptando que tendremos que hacer lo mismo con ellos. Hoy, más que nunca, fuimos conscientes del paso del tiempo y como eso nos hace cambiar. Pero lo único que no ha cambiado es nuestra relación y que ambos sabemos que lucharemos por ello. Podrán pasar miles de personas en nuestras vidas, pero para nosotros sólo nos acabaremos teniendo el uno al otro, para siempre, sin importar la distancia, el lugar. Hay cosas que son imperturbables y que nunca cambian, como lo nuestro. Una amistad para toda la vida.

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