lunes, 13 de febrero de 2012

Me quitaste la respiración, la ansiedad, el aliento, el miedo. Me quitase el frío, el hambre, el sueño. Me quitaste la ropa y demostraste que me querías. Me fuiste fiel como yo lo fui a ti, fuiste fiel a mis sonrisas, fuiste fiel a mis caricias. Me distes de tus besos que son de miel  y de tus miradas de cristal. Me diste la luz del camino que me llevó a ti, tomaste mi mano y caminamos juntos hasta el final de este. Que mi rostro sea el último que estés viendo, que las lágrimas que se deslizan por mi cara son la tristeza que siento al tener que decirte adiós y a la vez, felicidad por saber lo que has sido.


Qué los recuerdos que tendré serán los de tu rostro bañados por el sol al amanecer, tus risas de la nada que alegraban mis momentos más amargos, el tacto de tu piel sobre la mía, tus manos sobre mi espalda que de todo me protegían y sujetaban. Tu voz susurrando mi nombre. Tu voz susurrando que me querías. Jamás añoraré a nadie como lo voy a hacer a ti. El hombre que me dio mil y una razones para creer en la vida, el hombre que me enseñó lo que es el amor, el padre de mis hijos. Hoy, es 14 de febrero pero yo te quise igual todos los días, nunca lo dudé. Y aunque tu alma hoy se escape, seguirás estando aquí hasta el día que yo me reúna contigo...

[Carta de una mujer a su marido el día que la abandonó hasta el reencuentro]

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