Me decían que corriera y yo corría. Me decían que hablara y yo hablaba, de igual manera que me decían que callara y lo hacía. Mientras unos movían mis cuerdas otros me decían que si no me daba cuenta, cuando ellos eran más avanzados y utilizaban un mando mecánico para moverme.
No les gustaba como era, no les gustaba como actuaba, ¿qué debía hacer? Pasé de mi libertad y me convertí en fiel mayordomo de los sentimientos y mandatos de los demás. Lo que a ellos les dolía me dolía a mí, pero lo que a ellos les hacía feliz, a mí me hundía; jamás entendí ni entenderé el por qué.
Luego me decían que debía salir de eso, poco a poco, por mi propia cuenta. Yo les respondía no puedo, es imposible, por más que lo intento no lo consigo. Lo has intentado era una oración que me repetían una, otra y otra vez. Yo les respondía de nuevo que sí, que lo había hecho. Pero mentía como una bellaca, jamás se me ocurrió intentarlo por el simple hecho de que mi mente me decía que no iba a poder, que no iba a ser capaz. Esclava de los pensamientos.
Pero, qué bello es levantarse por la mañana con una sonrisa, augurando lo maravilloso que va a ser ese día, porque no de grandes cosas va estar lleno, pero son las pequeñas minucias las que me van a hacer sonreír. Y es mi sonrisa la que me va a hacerme ver hermosa delante del espejo. Me va a dar igual si llevo los ojos muy coloridos hoy, o la camiseta es demasiado ancha. Cuando te ves bien, cuando estás bien, es cuando la gente te para y te dice "Qué bien te ves hoy, de verdad".
Como se nota que de lo pequeño, con emoción, entusiasmo y cariño, se obtiene lo grande. Puede que no hoy, no mañana, pero sí pasado. Eso no quiere decir que en algunos momentos del día me pare frente algo y reflexione sobre lo que he perdido y lo que he ganado. Ahora mismo, he perdido y mucho pero lo que he ganado, va a venir, poco a poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario