domingo, 29 de abril de 2012

Cuando perdemos algo, si lo recuperamos, nunca lo recuperamos entero. Una vez perdí un reloj. Me sentí fatal, era mi reloj favorito y me lo regaló mi madre. Lo busqué y lo busqué y no conseguí encontrarlo. Con el paso del tiempo, sin acordarme casi de él, apareció. Estaba intacto o eso parecía. La correa seguía en su sitio, el vidrio estaba intacto. Pero el segundero no se movía y las manecillas se habían parado en las ocho y cuarto. Lo llevé al relojero para cambiar la pila pero me dijo que ya no había nada que hacer, que tanto tiempo parado y, probablemente, la humedad, habían deteriorado la intrincada maquinaría. Había recuperado el reloj, pero no lo había hecho entero.
Una vez también, perdí un anillo. Otro objeto al cual tenía mucha estima pues también era de mi madre. Cuando lo encontré, estaba oxidado y no sé cómo, había perdido la forma esférica que tenía. 

Y así con casi todos los objetos. En esta vida, todo es perdible y pocas cosas recuperables. Igual que los objetos son las personas. A lo largo de mi vida, he visto como personas han entrado y salido de ella. A algunas las he recuperado, a otras no y a otras no sé si quiera que han sido de ellas.

Pérdidas importantes fueron cuando perdí a todo un grupo de personas. Con el tiempo, después de un año, un día se acercaron a hablar conmigo. Todas sabíamos que no tenía sentido recordar aquellos tiempos, tiempos que no volverían y que lo único que nos quedaba era saludarnos, preguntarnos qué tal y felicitarnos los cumpleaños. Muchas veces me paro a pensar que cuantas veces no las he echado de menos y que, a día de hoy, en múltiples ocasiones, lo sigo haciendo.

Mejores amigos que perdí que con el tiempo recuperé pero que, igual que todo lo demás, no entero. Siento la necesidad de cogerlos, ponerlos ante mí y contarles cuantas cosas se han perdido de mi vida, cuanto de menos les he echado, cuanto he añorado sus abrazos aunque fueran escasos y sus despedidas con el típico corazoncito. El dolor que me hacía a mí misma al pensar en cuantas veces me sacaron de mi casa, se plantaron frente a mí y me hicieron escupir todo lo que me amargaba por dentro.
Siento la necesidad de hacerlo y podría, debería, pero no puedo. Siento que el tiempo y el dolor han construido una barrera impenetrable que no me deja, ni a ellos tampoco. Simplemente soy una más aunque yo pueda verlos como eran. Pero no les culpo, en caso contrario yo haría lo mismo.

Luego, al final, hay una última pérdida que ya jamás será recuperable. ¿Qué haré cuándo se vayan los dos abuelos que me quedan? ¿Podré dormir por las noches después de pensar que sus últimos años no los han disfrutado conmigo porque su nieta pasaba la etapa adolescente de una manera egocéntrica? ¿Recordaré a mi abuelo por cómo era cuando yo a penas tenía seis años o lo recordaré en lo que se convirtió después de una dura enfermedad? ¿Y a mi abuela, la recordaré por la mujer luchadora y activa qué era o por la mujer que se deteriora día a día?
Mis padres, las personas que hicieron posible que yo estuviera aquí. He visto como mi padre ha perdido a sus padres y ha salido adelante. Yo no sé si podría. ¿Recordaré a mi padre cómo el hombre que ignoró lo que tenía, a su mujer y a sus hijos durante años o al hombre que finalmente se dio cuenta y luchó por ellos? ¿Y a mi madre, la recordaré como la mujer que me corta las alas y la libertad por donde cree conveniente, la mujer que amenaza cada dos por tres con el abandono o a la mujer que casi deja huérfanos a una niña de seis años y un bebé de cuatro meses a causa de una enfermedad, la mujer que lucha día a día para sacar adelante a esas dos criaturas aprendiendo a convivir con el dolor? 

¿Y que será de mí? Esa idea me aterra. Ya empiezo a tomar decisiones que serán cruciales en mi vida. ¿Alguien algún día me perderá? ¿Alguien se acordará de mí cuando no esté y si es así, cómo me recordará? ¿Cómo la mujer que de la nada y a base de esfuerzo se labró el futuro que quería o como la mujer que no valió nada y que simplemente fue una más de una asquerosa sociedad?

Después de todo eso, yo me pregunto: ¿Me merezco recuperar lo que he perdido o recuperarlo incompleto es la forma de castigo que tengo que pagar por permitirme perderlo?


No hay comentarios:

Publicar un comentario