Qué bella es la armonía de abrir los ojos y observar el paso del tiempo. Qué risa da cuando piensas en tu sufrimiento, cuando creías que jamás saldrías de él y ahora eres feliz. Qué tonta te creías cuando ahora entiendes la moraleja de la historia, cuando sabes que por fin has aprendido a ser fuerte y a no preocuparte tanto por cosas sin importancia.
Tu mundo a parte, que era antes tu refugio eterno, ahora es sólo la idea de la perfección en la ausencia de ocupación, donde te sumerges cuando otras tareas no ocupan tu mente. Qué diferencia, ¿verdad? Ahora eres libre de sentir y de soñar cosas que son y pueden ser reales, de luchas ferozmente por tus metas, de hacer ideas echos, de gritar cuando lo necesites y de no tragar nunca más el dolor.
Ahora, ya has aprendido que la vida es géminis, tiene una doble cara. El lado en el que todo es bello y el lado que parece una cueva mugrienta y mal oliente. Y lo mejor de todo, que ya sabes como lidiar con ambas.
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