Lo primero que se me ocurrió al levantarme esta mañana fue dirigirme a mi madre y felicitarla su día. Pero eso no es suficiente, es darla día a día lo que yo muchas veces no soy capaz por mi egoísmo.
En diecisiete años que llevo pisando suelo firme, me he dado cuenta como a medida que yo crecía mi madre no lo hacía, envejecía. Me sorprendo al ver fotos y ver como ella ha cambiado al igual que lo he hecho yo, pero ambas de formas diferentes, como marca el ritmo natural. Todo el mundo dice que nos parecemos, que tengo su misma cara de pilla, los ojos tan grandes como ella... pero no, ojalá me pareciera un sólo un poquito.
La cobardía que yo tengo ante la vida es inmensamente proporcional a su valentía; Sus ganas de vivir y luchar por sus hijos son algo que ni yo misma sé si algún día tendré. Podría decir tantas cosas... pero es que ella es el ejemplo mío a seguir.
Todo el mundo sabe su historia y sabe que mujer como ella hay pocas. Quizás muchas veces tenga sus errores, pero es humana. Simplemente, error como madre no veo ninguno, aunque yo muchas veces lo diga, me enfade, repatalee por sus restricciones... pero en un futuro se lo agradeceré.
Mamá, gracias por ser tú mi madre, por protegerme, por reír cuando reír y no llorar cuando yo lo hago. Por estar siempre detrás mío, apoyándome, queríendome. Sé que el único objetivo que buscas en mí es sentirte orgullosa de lo que has dado a luz y te prometo que lo harás. Te quiero, mamá ♥
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