Y es que si hoy quiero correr, las piernas no me apoyan en ello. Salir corriendo ya no es la opción correcta aunque la ansiada. No lo ves, no lo tocas, pero sin darte cuenta día a día se hace más fuerte ese nudo, más invisible, que te ata a un lugar, un nudo llamado amor.
Amor a la familia, amor a los amigos, amor a quién sea. Y cuando llega el momento en que no puedes más, el momento en el que los problemas se acumulan y la felicidad se agota escapar sin mirar atrás te parece la mejor y más atractiva idea que tu agotada cabeza puede formular.
¿Qué pasa si me voy? ¿Sería tan cruel de abandonar a todas esas personas? ¿Estaría dispuesta a dejarlo todo para empezar de cero? Y ellos, ¿se preguntarían dónde estoy, si estoy bien?
Yo te contesto: Lo que pasará, no lo sabes. Sí, serías cruel, pero deberías empezar a ser un poco egoísta porque si estás así, es por culpa de no tenerte en cuenta para nada. Dar el paso de dejarlo todo es el inicio de la búsqueda del nuevo camino. No lo dejas todo: los recuerdos seguirán en ti.
Y, ¿quieres saber que pensarán ellos? Nada, les dará igual. ¿Les ha importado tu situación? ¿Han tenido si quiera la decencia de preguntarte cómo estás? Creo que ya es hora de que aprendas que en este mundo sólo estás tú, tú y tú y que nadie va a mover un dedo por ti.
Y sí, es que si hoy quiero correr, las piernas no me apoyan en ello. Pero es que voy a esperar mañana.
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