Es la sensación continua de que algo ha acabado, de un jarrón de hielo desecho, de un glaciar de mármol roto que ya no se puede reconstruir. Es el dolor a mirar al pasado, ver una foto, escuchar la canción, juntar los recuerdos y derramar lágrimas sin cesar.
Es la sensación de vacío continuo, en busca de llenarlo con el calor de aquellos que silenciosamente se han ido. Los ves, están delante de ti, pero ellos ven a través de ti como quien ve a través de la niebla. Al fin y al cabo es en lo que te has convertido, en la niebla de lo que una vez fuiste. ¿Cómo te recuerdan? ¿Tienen en su corazón un rincón para ti? ¿Se acordarán de tu risa, tu voz, tus tonterías, tus defectos mayores que virtudes pero que una vez aceptaron? Simplemente, ¿te recuerdan cómo tu los recuerdas a ellos?
Si en mi mano hubiese estado, hubiera alargado el tiempo, hubiera jugado con él y lo hubiera convertido en infinito. O, simplemente, lo hubiera parado para disfrutar un poco más de aquello que llamamos "para siempre". Pero al parecer, ahora más que nunca, creo en la frase la gente siempre va y viene, pero pocos se quedan.
Sin embargo, qué bien sabemos disimular pero que cobardes somos todos a la vez. Estoy segura que en el fondo, ninguno ha querido esto ni lo quiere, pero nadie es lo suficientemente valiente como para gritarlo y rogar un remiendo. Ahora, está ya todo tan roto... pero igualmente, cuando estamos fuera, nadie lo nota. Dicen que somos cuando en verdad yo digo que somos un éramos.
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