domingo, 16 de septiembre de 2012

Al revés, ¿o no?

Yo ya estaba jugando a ese juego del mundo al revés. En el que callaba cuando todo el mundo hablaba y yo me reservaba los comentarios para dentro de mi zanja. Ese mundo en el que me gustaba más ver la lluvia caer en los ojos de la gente que verlos iluminados por una sonrisa. Un mundo en el que me traía sin cuidado si la gente era feliz o no, si sentían dolor o placer. Un lugar en el que yo andaba con ojos sinceros y corazón carbonizado, en el que era capaz de pasar por el lado de las personas sin importarme sus miradas cargadas de odio y miedo. Un mundo cuyo sentimiento de soledad venía acompañado del sentimiento de compañía de mi alter ego, que me cogía de la mano en cada esquina y me abrazaba en la oscuridad. Una oscuridad que era clara para mí, que era la luz que yo seguía; era la luz del camino de la fuerza y de la verdad, del egoísmo por mi bienestar. 
Era un mundo en el que la palabra injusticia hacia los demás era el sinónimo de la palabra felicidad para uno mismo. Lo que yo hacía lo hacía para mí sin pensar en las consecuencias hacia los demás. Egoísmo era la solución a los problemas. Yo ya jugaba a ese juego del mundo al revés aunque, ¿quién sabe? Quizás estaba jugando con las verdaderas reglas del mundo real.

No hay comentarios:

Publicar un comentario