Un domingo más, el cielo llora. En casa, con un pijama horrible y cómodo sólo porque es de mi padre. Un buen tazón de chocolate caliente mientras miro en mi ventana como resbalan las gotas. En cada relámpago se forma un silencio a la espera del trueno. Un silencio que ayuda a pensar en todo en menos de un momento. Yo soy de esas que harían de ese momento eterno pues ese relax y tranquilidad me resultan tan efímeros...
Después llega esa calma, en la que sale el Sol y mi felicidad se desvanece. Sí, lo sé, es una contrariedad pero así soy yo. Totalmente contraria al mundo, simplemente tengo algo que a muchos les falta: sentimientos puros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario