Es hora de cambios. Cansadas de ser juzgadas porque nos reímos, porque lloramos, porque bailamos. Fingimos porque gritamos y somos falsas porque sonreímos. Recurrimos a lo que no debemos sólo porque al mundo no le parece bien. Gente, aquí me planto, aquí nos plantamos.
Estamos cansadas de que jueguen con nuestros corazones, con eso a lo que ridículamente llamamos sentimientos. Vivimos encerradas en una prisión con rejas de dolor, en la que se nos alimenta con lágrimas y golpes. Ya no nos tenemos en pie, y hemos decidido usar las pocas fuerzas que nos quedan en encontrar la salida, el lugar donde por primera vez abriremos nuestras alas y escaparemos lejos. Encontrar ese agujero de luz es un camino doloroso y difícil pero que una vez en él, la luz curará cualquier herida y los pasos recorridos quedarán en el olvido.
Es la hora de hacer el cambio, el momento de dejar de ser una niña y empezar a ser mujer. Dejadme, porque sé que me caeré, pero quiero hacerlo sola no porque alguien me empuje.
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