lunes, 27 de febrero de 2012

Cada mañana me levanto y lo primero que hago es mirarme al espejo. Me fijo en lo agotados que tengo los ojos después de no haber dormido suficiente, en la comisura de mis esponjosos labios, que la mayoría del tiempo dibuja una media luna hacia bajo, tristes, muertos. Mis ojos que antes brillaban en su propia alegría ahora están grises, vacíos de emociones. 
El resumen de la lírica es que lo que veo en el espejo, es una persona que yace muerta pero camina, que no tiene vida pero respira. 
"Quiérete a ti misma, que si no te quieres tú, ¿quién te va a querer?" ¿Para qué quererme a mí misma si ya había gente que me quería por como era y ha dejado de hacerlo? 
Cada día que pasa, me siento más lejos de lo que tenía, que mi vida es un barco que ha perdido el amarre en puerto y se introduce en las entrañas del horizonte, sin destino alguno. Pero las corrientes siempre conducen a alguna parte, aunque sea a lugares que nunca pensaría llegar. Y lo deseo. Lo ansío. Ansío llegar a ese lugar, lejos de aquí, empezar una nueva historia, una que tenga un final muy diferente al que ha tenido este.

Pero por ahora, sólo me queda seguir plantada de pie, delante del espejo cada mañana, maquillando lo que de verdad mi rostro muestra. A la espera de seguir siendo juzgada por cualquier cosa que diga o haga. Fijándome en relojes y calendario observando el paso del tiempo, calculando el cambio. Un resumen de todo, seguir fingiendo que me quiero a mí misma, que sigo teniendo algo de orgullo y seguir sujetando los pilares de esta vida destruida sin ayuda de un andamio.

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