Hola, ¿te acuerdas de mí? Seguro que sí. Soy aquella que reía como una loca de un chiste sin gracia. La que era raro ver su sonrisa borrada del rostro. Esa chica que bailaba y corría hasta cansarse, que cantaba mal y en vez de llover hacía que el sol brillara con más fuerza. La que cuando lloraba encogía el corazón se cualquiera porque si lo hacía era por algo realmente malo y doloroso. Esa chica, era yo.
Tenía mis defectos que a la vez podrían suponer virtudes, me acuerdo que siempre me lo decías. Era orgullosa, me daba igual todo y si me dolía era por poco tiempo pero del mismo modo, ese orgullo no me cegaba del todo, asumía cuando el error era mío, escuchaba y perdonaba si el error era del otro. Yo no daba segundas o terceras oportunidades, las daba infinitas. Era una chica normal, feliz de las pequeñas cosas.
Ahora, ¿qué ves en mí? Ya no río, ni si quiera del mejor monólogo del mundo. Ahora, lo raro es ver una sonrisa en este demacrado rostro. Ya no bailo ni corro, porque estoy cansada todo el tiempo ni tampoco canto, porque ya no tengo voz. El sol sigue brillando con fuerza, pero ante mis ojos su intensidad es paupérrima. Ahora, cuando me ves llorar, te da igual. Total, ahora es de lo más normal ver gotas derramarse, haciendo borrosos mis cristalinos. Lloro por cosas que para ti no son realmente malas ni dolorosas. Esa chica, soy yo.
Sigo con mis defectos, pero ya no tengo virtudes. Un orgullo inexistente hace que un simple hola pueda ser como una espada clavándoseme en el pecho. Persona, que viste como era y ves como soy, ¿no me echas de menos? ¿No echas de menos verme viva?
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