Melancolía era una palabra que nunca estuvo entre mis manos. Vivía el día a día y no de recuerdos. Sí, los tenía, buenos y malos como todas las personas pero estos no regían mi vida. Era capaz de salir y divertirme siendo sólo dos personas, daba igual el modo y el lugar pero el caso es que nunca me aburría. Me reía siendo yo, nada me afectaba salvo los estudios y aunque en aquel momento no lo creyese, era un poco feliz.
A veces, maldigo la noche que todo empezó y otras, la bendigo. Si nada hubiese empezado, las cosas seguirían como al principio o serían diferentes de otro modo. Quizás me hubiera ahorrado muchos dolores, muchos sofocos, infinidad de lágrimas. En cambio, de no haberlo hecho, no habría tenido noches y tardes inolvidables, risas que de otro modo no hubiesen llegado pero, ¿de verdad vale tanto dolor para sólo cuatro risas?
Todos estamos cayendo como un dominó, uno tras otro. Ya no hay quien pueda sacarnos. A veces pienso que la solución sería que cada uno siguiese un camino diferente, que olvidarse los unos de los otros es la solución, pero es algo que no quiero seguir pensando, porque no quiero que sea así.
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