Da igual que sea bueno, que sea malo, que te estés divirtiendo o estés llorando. Cada segundo que pasa, es una pérdida de tiempo. Cada segundo que pasa, es decisivo. Mientras en Nueva York, en un sólo segundo una pareja se compromete para dar un paso más en su amor incondicional, cerca del Kilimanjaro, en tan sólo otro segundo, mueren cinco niños. En fin de año, en tan solo un segundo, miles de personas en cierto país entran en una nueva etapa de sus vidas, mientras que en la otra parte del planeta, ese segundo no significa nada, simplemente, el paso de una hora a otra.
Y así, miles de ejemplos más. Pasan los segundos, los minutos y las horas. Da igual a que velocidad pase, siempre será en vano. Sí, ya sea un buen momento que acabará de manera inolvidable o el peor acontecimiento que será igual de imborrable en la memoria: todo es una pérdida de tiempo.
Da igual que ese segundo sea un nuevo paso en una relación, el amor acabará agotándose como se agota el tiempo, o la muerte, acechante y hambrienta de vida hará que esa relación se rompa. Y, ¿qué habrá sido? Una pérdida de tiempo. ¿Para qué hacerlo, para qué vivirlo si todo acaba igual de mal? Todo pérdida de tiempo.
Otro segundo que arrebató la vida de unos niños. Muchos dirían "que pena no hubieran tenido más tiempo". Es cruel lo que voy a decir, lo sé pero, ¿para qué más tiempo? ¿Para que lo empleen en un sufrimiento contínuo? ¿Para ver que el día siguiente será igual que el anterior: otro día en el que pasarán hambre?
La vida está llena de esos segundos inservibles que nadie puede contar. Hay que asumir que cada momento aunque sea bueno, con el paso del tiempo, acabará convirtiéndose en un recuerdo mortuorio de lo que ya no podrá ser. Dicen que no se puede vivir de recuerdos, es cierto, porque vivimos para ser esclavos del tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario