domingo, 15 de abril de 2012

Subes, bajas, entras, sales, giras a la derecha, lo haces hacia la izquierda. Coges caminos y sendas con la esperanza de llegar al destino que deseas pero siempre con el miedo y la incertidumbre de si llegarás allí o a dónde lo harás. Con el miedo en los huesos a causa los peligros que te puedas encontrar, asustado de si serás capaz de afrontarlos tú solo porque asúmelo, esas cosas las has de superar tú sin la ayuda de nadie.

En el recorrido, siempre llevarás a personas cogidas de tu mano sin darte cuenta, pero ellos no pueden hacer nada por ti sino acompañarte. Las decisiones son tuyas y los errores cometidos, peso propio. Pueden darte un pañuelo con el que secar tus lágrimas y un abrazo para felicitar tus triunfos. Pero al destino final llegas solo.

Aún así no tengas miedo. Nunca. Aunque llegues solo, no lo estás.

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