A veces me sorprendo cuando noto algo húmedo rozar mi cara. Se hizo en mi tan común el llorar todos los días, a la misma hora... La mayor parte del tiempo cuando nadie me ve, casi siempre cuando estamos nosotras dos solas: Mi conciencia y yo.
"Déjame, por favor, déjame tan sólo una noche descansar..." le ruego una y otra vez. Y ella, tan silenciosa como ruidosa a la vez, me abruma con los errores que cometo cada día, con los recuerdos de momentos que jamás volverán, con los sueños rotos que ya no voy a cumplir. Se lo ruego, una sola noche. ¿No me va a dejar nunca tranquila? ¿Nunca voy a poder librarme de la acción de "pensar" ni un solo momento?
He intentado callarla de todas las maneras posibles, ahuyentarla, amenazarla... pero nada sirve. Siempre tan silenciosa como ruidosa a la vez, abrumante, hambrienta de dolor y sedienta de lágrimas. Cada día ella es más fuerte y cada día yo soy más débil. Cada día me controla más hasta el momento en el cual no soy consciente de mi propia existencia. Sabe actuar frente a la gente, sabe pasar desapercibida. Finge cuidarme y protegerme mientras me deshace por dentro.
Dicen que es una voz, una voz que aconseja. Yo nunca oí a la conciencia, sólo soy testigo de como juega. ¿Cómo es posible que algo que me pertenece se revele contra mí y pase a pertencerle yo a ella?
Después de tanto tiempo, debería haber aprendido a entenderla, a defenderme y a luchar contra ella. Pero es tan difícil... es mi conciencia, es mía y sabe como manejarme. Siempre ha intentado e intenta hundirme... ¿algún día se lo pensará mejor y me hará levantarme?
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