¿Has soñado alguna vez con las personas a las que quieres y, de las cosas difusas que sueñas, acaban convirtiéndose en un hecho? En el sueño, nunca le das importancia y simplemente te despiertas sobresaltada con el pensamiento de es sólo un sueño, extraño y sin sentido, pero un sueño. Con el paso del tiempo, ves que algo pasa, algo que daña y te duele mucho aunque no te haya pasado a ti. Analizas poco a poco y descubres como si de un Déja Vu se tratase que eso ya lo habías visto venir. Lo habías soñado. Sabías que iba a pasar y te culpas porque no lo habías podido evitar.
Con los años, te das cuenta que de alguna forma mágicamente infernal la historia se repite. Desde entonces, le das importancia a las cosas que ves en los sueños, intentas descubrir su simbología y el por qué. Pero, ¿sabes una cosa? Te comerás mil veces la cabeza intentando encontrarle un sentido y no lo harás. Y el mismo significado, en mil y un sueños te atormentará hasta que ocurra.
No sé porque, pero me atormenta desde varias noches. Sé que es él y la otra persona no la veo clara, pero puedo imaginarme quién es, sólo por el simple hecho de que reconozco su silueta en la sombra y su lejana y reconfortante voz. Es un lugar extraño, como si fuese un tipo de lugar nocturno, iluminado por las típicas luces de antro. Quizás es una discomóbil, pero no lo sé. Sé que en el lugar hay gente, mucha, pero no les veo. Sólo veo el vacío y escucho con claridad a las dos personas que me acompañan. A las dos personas que me veo con la necesidad de proteger cuando aparecen dos sombras y se los llevan. Los cogen de la mano, estos se levantan y se las siguen como si nada. No sé quienes son esas personas pero sé que se giran, me miran y noto que ríen con maldad. Me despierto sobresaltada, intentando entender qué puede significar, de qué les quiero proteger. Pero como siempre, hasta que no pase, no entenderé el sueño.
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