Música alta, una buena botella de vodka, una cajetilla de cigarros y una baraja de cartas. Una casa repleta de gente, borracha y bailando. Los hay que desaparecen por parejas en las habitaciones, los hay que ríen como posesos en el salón de los que lloran tirados en el suelo. El ambiente huele a alcohol y a frutas del bosque de la cachimba. Poco a poco la gente se va dispersando, volviendo a entrar, volviendo a salir y yo sigo sentada, observando, pensando. Don't ever look back cantaba el estribillo de una canción que nunca había escuchado. Cuanto más avanzaba la noche, más gente había y peor estaban. Don't ever look back. Ya son las tres, mi cuerpo intenta retener una botella de cutty sark bebida a chupitos, intenta respirar después de media cajetilla de ducados y mis ojos intentan contener los recuerdos pasados en forma de lágrimas. Don't ever look back. A las cuatro me levanto y me pongo a bailar al ritmo de los The Strokes. Bailo sola, sin nadie a mi alrededor, pero no me importa. Esta noche, tu recuerdo está muy lejos de mi mente, no miro atrás. Esa noche bailo sola, pero no me importa, soy feliz. Son las cinco, cojo la baraja de cartas y la tiro por las aires. Veo como caen encima de todo el mundo, que están tirados en el suelo ya durmiendo a la vez que grito que ahora, el azar estará siempre, siempre de mi parte. Soy la única en pie, la música sigue sonando y las cartas siguen cayendo. Don't ever look back.

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