miércoles, 16 de mayo de 2012

Si este sentimiento es normal, entonces quiero ser el ente más extraño. Dicen que es el sentimiento más hermoso que hay. Mentira. Me río. Para mí es doloroso, angustioso y perfectamente innecesario. Asqueroso, vomitivo y realmente odioso.

Hace tiempo le declaré la guerra a la soledad del mismo modo que hoy alzo bandera blanca ante ella. No me importa que me ataque y me quite la vida con su arma llamada silencio, no me asusta que me arrope con la oscuridad de un escondite llamado tiempo. Tiempo que borrará mi nombre, mi rostro y mis escasos logros.

Hoy, le declaro la guerra al amor del mismo modo que hice una vez con la soledad. Será una guerra silenciosa, en la que blandiré armas de coraje y ganaré batallas invisibles. Nadie verás mis victorias pero quedarán guardadas en la historia. En la historia de una mente que se habrá hecho fuerte y huraña, una mente portada por una persona con corazón de piedra cuyo latir es sólo por mantenerse viva. 
Y sí, será una batalla dura, el amor es traicionero y sabe bien mover sus tropas. Tiene tropas en la marina, expertas en recorrer en las lágrimas más angostas de mis ojos. Astuto ejército de tierra, que se conoce cada centímetro de su rostro. Y no olvidar las tropas aéreas, que jamás olvidan la dirección de las ondas de su voz.

Pero yo también tengo mis estrategias: resignación, dureza y olvido. Son muy fuertes y con el tiempo efectivas. Así que sí, pienso ganar esta guerra. Y cuando lo  haga, ya no quedará nada.

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