Codicia, codicia, codicia. Cuantos reyes no mataron por ella, cuantos inocentes no murieron por su significado. Cuantas relaciones no han terminado y cuantas amistades no se han esfumado. Codicia, codicia, codicia. Virtud en su justa medida, el peor de los defectos en su exceso. En cantidades pequeñas, moderadas, la codicia es un gran aliado. Te mantiene en tu sitio, te hace seguir adelante y no rendirte ante el yo quiero que otros dejan por falta de actitud. La codicia a pequeños sorbitos, te va atribuyendo victorias, logros. Vas conquistando poco a poco los senderos fijados y con el tiempo, eliminado a los cobardes que una vez fueron valientes para intentarlo, pero no tuvieron el valor de seguir adelante. Codicia, codicia, codicia, en su justa medida.
¿Has pensado alguna vez en las drogas? Poquito, es un gran subidión, te hace sentirte bien, te divierte. Obviamente, un poquito no hace daño, pero luego quieres un poco más y más, hasta que se te convierte en tu adicción, en tu dependencia. La codicia es igual. Una vez empiezas a tener tiendes a querer más y más y más. Empiezas a ver a tus familiares como obstáculos en tu camino. A los amigos como enemigos que supuestamente intentan arrebatarte tu éxito. Codicia, codicia, codicia, en su exceso, todas las papeletas para perder. Nadie quiere a su lado a un codicioso, a alguien exitoso pero egoísta. Sí, ganarás pero al mismo tiempo, perderás. ¿Qué sentido tiene tenerlo todo y a la vez nada?
No hay drogas buenas, tampoco hay virtudes excesivas correctas. Hay defectos que la gente puede aceptar de ti, pero nunca la codicia.
En esta vida, hay que saber perder y saber mantener lo ganado. Oportunidades hay siempre, no todas son únicas ni todas las únicas son buenas oportunidades. Codicia, más que virtud siempre es defecto y para tenerla como algo bueno, es preferible las constancia.
Codicia, mi querida enemiga, ¿vas a seguir en mí o por fin he aprendido que serás uno de los motivos de mi miserabilidad?
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