Hay personas que son como rocas de hielo, impenetrables, no les afecta nada, ni sienten ni parecen. Las envidio. Luego están las personas que son pasionales como fuego, ardientes de ímpetu, pacientes del sentimiento y víctimas del dolor. Yo pertenezco a ellos.
En el punto medio está el acierto, nunca en el extremo. ¿Qué pasa si el hielo y el fuego se juntan? Aparece el agua: mansa, tranquila, bella y cristalina. Aparece la perfección.
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